miércoles, 4 de mayo de 2011

papa

papa beato
Juan Pablo II, “El Grande”, “el Papa de la sonrisa”, “el Papa de los jóvenes”, “el Papa bueno”, sigue muy cerca de nosotros, recordándonos tan importante es vivir nutriéndose del amor de Dios.
Hace unos instantes hemos vivido con inmensa alegría como la santa madre Iglesia, reconocía como beato a Juan Pablo II, un hombre singular, sencillo, humilde, pero grande a la vez, particularmente siento una profunda emoción, y es que veo reflejado en Juan Pablo II, aquel ideal de vida al que Jesucristo nos llama a nombre de su padre Dios “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt. 5, 48), Benedicto XVI, resume muy bien la vida del Beato Juan Pablo II, cuando nos dice que “él se sumergía en el encuentro con Dios, aun en medio de las múltiples ocupaciones de su ministerio. Y después, su testimonio en el sufrimiento: el Señor lo fue despojando lentamente de todo, sin embargo él permanecía siempre como una «roca», como Cristo quería. Su profunda humildad, arraigada en la íntima unión con Cristo, le permitió seguir guiando a la Iglesia y dar al mundo un mensaje aún más elocuente, precisamente cuando sus fuerzas físicas iban disminuyendo. Así, él realizó de modo extraordinario la vocación de cada sacerdote y obispo: ser uno con aquel Jesús al que cotidianamente recibe y ofrece en la Eucaristía”.

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